Como definición sencilla de alimentos funcionales está generalizada la siguiente: “Alimentos, que se consumen como parte de una dieta normal y contienen componentes biológicamente activos, que ofrecen beneficios para la salud y reducen el riesgo de sufrir enfermedades”. En ellos destacan los que contienen determinados minerales, vitaminas, ácidos grasos o fibra alimenticia, los alimentos a los que se han añadido sustancias biológicamente activas, como los fitoquímicos u otros antioxidantes, y los probióticos, que tienen cultivos vivos de microorganismos beneficiosos.
Según lo expuesto y los diversos estudios realizados en los últimos 20 años, sobre la composición química de la granada y más recientemente sus efectos sobre la salud, podemos considerar a la granada como un alimento funcional o como se indicó en un vídeo de USA “una bomba de salud”. Dado el objetivo de este trabajo, mencionaremos sucintamente algunos de los compuestos que posee la granada. Respecto a estos compuestos ya llamábamos la atención en 1992, por considerar que la difusión sobre el contenido en determinadas sustancias en la granada era una potente herramienta no sólo para aumentar el consumo de esta fruta y obtener un mayor valor añadido para los agricultores, sino por los beneficios que su consumo presenta para la salud de los humanos (Melgarejo y Martínez, 1992). Tanto este trabajo como los que posteriormente se han publicado, especialmente en los últimos años, hacen referencia al contenido de la granada en diferentes compuestos o grupos de ellos.
Podemos asegurar que la granada es una baya carnosa que generalmente contiene 8 carpelos en los que se encuentran las semillas (porción comestible), representado éstas un porcentaje comprendido entre el 58 y el 75% dependiendo de las variedades; las membranas carpelares y la corteza representan el 25-42% del peso del fruto. La porción leñosa de las semillas varía entre el 5 y el 15%. El fruto completo posee aproximadamente un 80% de agua.
Las semillas, de consistencia leñosa con testa carnosa o pulposa, de forma prismática, sin albumen, embrión recto, y cotiledones enrollados el uno con el otro, de color rosa, granate o blanco, son muy jugosas. El hecho de que habitualmente comamos las semillas completas (con la parte leñosa) constituye un aspecto diferencial importante respecto a otros frutos, en los que no comemos las semillas.