En unos días se estrena en Estados Unidos la última película de Morgan Spurlock, el director y protagonista de “Super size me”. En ella, mostraba los efectos sobre la salud de comer todos los días durante un mes en McDonald’s. Además de conseguir la nominación al Óscar por el mejor documental de 2005, consiguió que la cadena de comida rápida introdujera una nueva gama de ensaladas y redujera las porciones.
Pues bien, el nuevo enfant terrible de los documentales yanquis promete reventar la taquilla con “POM Wonderful Presents: The Greatest Movie Ever Sold”. Una peli a medio camino entre el documental y el taquillazo, en plan Michael Moore, sólo que menos agresivo y con mucho charm. No sabe qué tiene este tipo pero le cae francamente bien. Como dice un proverbio chino, no abras una tienda si no sabes sonreír. Y, por lo que parece, Murlock sonríe de maravilla. ¿Cómo si no, convencer a 17 marcas para que paguen un millón y medio cada una para aparecer en un documental que cuestiona la Publicidad y que pretende ser un alegato anticonsumista?
El periplo no fue fácil. Tardó siete meses en convencer a la primera marca. Por supuesto que las grandes ni le devolvieron la llamada. Tampoco McDonald’s que aún debe de estar lamiéndose el McFlurry y, de paso, las heridas.
Para rodar la peli, Spurlock debía conducir, coger aviones, dormir en hoteles, comer en restaurantes o utilizar productos de higiene personal. Hasta ahí todo razonable, todo claro. Y muy caro. Para un productor de cine independiente. Entonces, ¿por qué no utilizar los productos de un fabricante en concreto? La cuadratura del círculo no sólo era que los anunciantes le permitieran disfrutar de esos servicios a cambio de publicidad, sino que, además, ¡le pagaran por hacerlo! Así es como se ha fraguado “POM Wordenful Presents: The Greatest Movie Ever Sold”. La primera película vendida al mejor postor. Al menos, abiertamente. En unos momentos en los que hasta los videoclips contienen publicidad subliminal –se calcula que la Spears se ha embolsado medio millón por permitir que ciertas marcas aparezcan unos frames en Hold it against me-, un atisbo de franqueza se agradece.
El zumo que da nombre a la peli, POM Wonderful, es una marca de la que ella jamás había oído hablar. Recuerden el nombre de esta, hasta ahora desconocida, bebida antioxidante. Sin duda, el posicionamiento -product placement- ha funcionado. A cambio de más de un millón de dólares, eso sí. Pero ha merecido la pena. Esta pequeña empresa familiar americana ya estudia un plan de expansión en Europa.
El triunfo definitivo es que ella está deseando pagar por ver la película. Por ver hora y media de publicidad inteligente ininterrumpida. Y sin anuncios.